SANTO DOMINGO.- La exvicepresidenta de la República, Margarita Cedeño, planteó la necesidad de replantear la formación de los líderes dominicanos para que puedan enfrentar los desafíos contemporáneos con nuevas perspectivas, métodos de trabajo y formas de relacionarse con la ciudadanía.
En una reflexión difundida a través de su cuenta en la red social X, Cedeño cuestionó si el país está preparando dirigentes con capacidad para impulsar transformaciones profundas o si continúa formando personas enfocadas en gestionar situaciones y modelos que han perdido vigencia.
“Llegar a donde se decide no basta. Hay que transformar la manera en que se decide”, expresó la exfuncionaria al exponer su concepción del liderazgo.
Para sustentar su planteamiento, hizo referencia a los postulados del especialista Ronald Heifetz, quien diferencia los problemas técnicos, solucionables mediante procedimientos y conocimientos establecidos, de los desafíos adaptativos, que requieren modificar creencias, conductas y dinámicas sociales.
A juicio de Cedeño, buena parte de las dificultades que afectan a la República Dominicana corresponden a esta segunda categoría, por lo que no pueden resolverse únicamente mediante instrucciones o medidas convencionales, sino que demandan cambios de mayor profundidad.
La exvicepresidenta también defendió un liderazgo basado en la empatía, la capacidad de escuchar y la búsqueda de acuerdos, cualidades que, afirmó, deben entenderse como fortalezas y no como señales de debilidad o falta de determinación.
“La empatía no es debilidad. Escuchar no es dejar de decidir. Construir consensos no es carecer de convicciones”, sostuvo.
Advierte sobre las exigencias hacia las mujeres líderes
Cedeño abordó, además, las diferencias que enfrentan las mujeres en el ejercicio de posiciones de liderazgo. Señaló que sobre ellas suelen recaer expectativas contradictorias, como demostrar firmeza sin perder sensibilidad, ejercer autoridad sin ser consideradas autoritarias y alcanzar resultados sin generar incomodidad.
Según expuso, estos criterios no suelen aplicarse a los hombres con la misma intensidad, una situación que considera necesario superar para avanzar hacia espacios de dirección más equitativos.
En ese sentido, abogó por instituciones capaces de eliminar obstáculos, organizaciones políticas que garanticen oportunidades efectivas y sistemas de cuidados que faciliten la conciliación de las responsabilidades personales y profesionales.
También consideró importante crear entornos en los que las nuevas generaciones puedan desarrollar sus capacidades sin verse obligadas a justificar continuamente su derecho a ocupar posiciones de responsabilidad.
Finalmente, la exvicepresidenta sostuvo que el liderazgo debe valorarse por las transformaciones que produce y no exclusivamente por el cargo o la influencia que alcanza una persona.
“El verdadero liderazgo no se mide por el poder que alcanzamos. Se mide por lo que transformamos cuando ya no lo tenemos”, concluyó.













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