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Desconfianza en políticos y candidatos alimenta la abstención electoral en República Dominicana

SANTO DOMINGO.– La abstención electoral en República Dominicana estaría dejando de ser explicada únicamente por la apatía o el desinterés ciudadano y comienza a perfilarse como una expresión de desconfianza hacia el sistema político, los candidatos y las prácticas que acompañan la competencia por el poder, según los hallazgos del «Estudio sobre la Abstención Electoral en República Dominicana. Voto Nacional y en el Exterior».

El informe revela una aparente paradoja: aunque el 74 % de los dominicanos residentes en el país y el 70,7 % de quienes viven fuera consideran que la democracia constituye el mejor sistema de Gobierno, existe una percepción considerablemente más crítica sobre la forma en que funciona en la práctica.

Solo el 20 % de los consultados entiende que República Dominicana es totalmente democrática, frente a un 41 % que la considera parcialmente democrática y un 33 % que sostiene que en el país no existe una verdadera democracia.

«Ningún candidato convencía»

La distancia entre el respaldo a la democracia como principio y el desencanto con su funcionamiento se refleja directamente en las razones de quienes decidieron no votar en las elecciones de 2024.

Entre los abstencionistas a nivel nacional, el principal motivo fue que «ningún candidato convencía», con un 19 %, seguido por la falta de confianza, con 14 %. También fueron señaladas la ausencia de buenas propuestas y la falta de interés, ambas con 8 %, mientras un 5 % mencionó la percepción de una elevada corrupción.

Cuando se preguntó por las razones por las que otras personas tampoco acudieron a las urnas, la falta de confianza ascendió al 24 %, convirtiéndose en el argumento más citado.

El estudio vincula este comportamiento con una percepción de campañas electorales repetitivas y poco conectadas con las necesidades ciudadanas. El 47 % calificó las campañas de 2024 como «más de lo mismo», mientras un 26 % consideró que no respondían a los intereses de la población.

La valoración de los aspirantes presidenciales tampoco resulta favorable: un 22 % los definió como «malos perfiles» y un 23 % consideró que no lograron conectar con los ciudadanos. Solo el 34 % los calificó como buenos perfiles.

Política bajo sospecha

La desconfianza se extiende igualmente hacia la clase política. El 38 % de los encuestados a nivel nacional percibe a los políticos como corruptos; otro 20 % entiende que defraudan a la población y una proporción similar considera que únicamente buscan alcanzar el poder.

En contraste, apenas un 5 % los identifica como honestos y un 7 % los percibe como servidores públicos.

Para los investigadores, estas cifras apuntan hacia una ruptura que trasciende una coyuntura electoral específica y que se habría venido acumulando con el paso del tiempo.

El escenario queda resumido en cuatro factores: un elevado respaldo a la democracia como ideal, bajos niveles de confianza en partidos, políticos, Congreso y procesos electorales; una abstención que puede funcionar como protesta o retiro deliberado y una eventual apertura a soluciones autoritarias cuando estas son asociadas con un Gobierno eficiente.

El rechazo al clientelismo

El clientelismo también aparece entre los elementos que inciden en la relación de los ciudadanos con las urnas. El 74,4 % de los consultados a nivel nacional manifestó rechazo hacia estas prácticas, mientras el 56 % afirmó haber presenciado acciones clientelares.

Aunque solo el 1 % reconoció haber recibido regalos o ayudas de partidos o candidatos con la intención de inducir su voto, el rechazo a este tipo de prácticas adquiere mayor peso en el análisis cualitativo.

Entre los dominicanos residentes en el exterior, el 68,1 % expresó desagrado frente al clientelismo y el 31,5 % aseguró haber presenciado prácticas como entrega de dinero, alimentos o favores a cambio de respaldo electoral.

El estudio plantea que estas dinámicas pueden generar distanciamiento entre sectores que consideran que aceptar beneficios a cambio del voto termina desvirtuando el sentido de la participación política.

En ese contexto surge la denominada «abstención ética o politizada», particularmente identificada en el Distrito Nacional, donde la decisión de no votar puede asumir el carácter de una postura deliberada frente al clientelismo, la corrupción o la falta de coherencia programática.

Déficit de educación cívica

La falta de formación e información sobre los procesos democráticos constituye otro de los factores señalados.

El 41 % de los abstencionistas a nivel nacional afirmó que nunca recibió educación cívica en la escuela, mientras apenas un 34 % recordó haberla recibido de manera clara. A esto se suma que el 52 % dijo estar poco o nada informado sobre el proceso electoral.

De acuerdo con el análisis, esta carencia puede limitar la capacidad ciudadana para evaluar propuestas y candidatos, además de generar inseguridad al momento de tomar una decisión electoral, particularmente entre los sectores más jóvenes.

No votar también comunica

A partir de entrevistas y grupos focales, el estudio concluye que la abstención no posee un único significado. Puede expresar cansancio por promesas incumplidas, rechazo al clientelismo, cuestionamientos éticos, experiencias adversas o circunstancias personales y materiales que impiden acudir a las urnas.

De ahí que el informe plantee que el acto de no votar puede convertirse en una forma de comunicación política negativa, mediante la cual determinados sectores manifiestan desencanto, cansancio, rechazo o distanciamiento respecto del sistema.

El voto desde el exterior

El comportamiento de los dominicanos residentes fuera del país presenta, sin embargo, características diferentes.

Mientras la abstención dentro del territorio nacional aparece más asociada al deterioro de la confianza, el desencanto político y el rechazo al clientelismo, en el exterior adquieren mayor relevancia las dificultades prácticas para ejercer el sufragio.

La distancia hasta los centros de votación, el tiempo necesario para trasladarse, las jornadas laborales, problemas administrativos y la falta de información figuran entre los obstáculos identificados.

El estudio también incorpora el concepto de «voto delegado», utilizado para describir la manera en que algunas personas que no pudieron sufragar procesan posteriormente el resultado electoral como una suerte de sustituto simbólico de su participación.

En definitiva, el capítulo concluye que la abstención electoral dominicana no constituye un fenómeno uniforme. En el país está estrechamente vinculada con el deterioro de los vínculos entre ciudadanía y política, mientras que en el exterior incorpora una dimensión de exclusión funcional y simbólica derivada de las dificultades para ejercer efectivamente el derecho al voto.

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