SANTO DOMINGO.– Las elecciones municipales continúan generando una participación electoral sensiblemente inferior a la registrada en los comicios presidenciales, una brecha que ronda los 10 puntos porcentuales y que pone de manifiesto la distinta percepción que tienen los ciudadanos sobre el alcance de ambos procesos.
Así lo establece el estudio «Abstención Electoral en la República Dominicana. Voto Nacional y en el Exterior», elaborado a partir de datos de la Junta Central Electoral (JCE), cuyos resultados evidencian que la concurrencia a las urnas disminuye cuando se trata de escoger a las autoridades municipales.
El comportamiento, sin embargo, no parece estar condicionado de manera determinante por la edad ni por el género de los electores.
En las elecciones municipales de 2024 acudió a votar el 45 % de los ciudadanos entre 18 y 34 años, mientras que la participación alcanzó el 44 % entre quienes tenían de 35 a 55 años y 46 % entre los mayores de 55.
Por género, el comportamiento fue prácticamente idéntico: tanto hombres como mujeres registraron una participación de 45 %.
La Presidencia concentra mayor interés electoral
Una de las explicaciones que plantea el estudio apunta al mayor nivel de atención mediática y movilización partidaria que tradicionalmente acompaña a las elecciones presidenciales.
La escogencia del jefe de Estado suele ser percibida por los ciudadanos como una decisión de mayor trascendencia para el rumbo general del país, además de estar protagonizada por figuras con una elevada exposición pública.
En contraste, las elecciones municipales pueden quedar relegadas a un segundo plano, pese a que las autoridades escogidas tienen incidencia directa sobre numerosos aspectos de la vida cotidiana de las comunidades.
A esta diferencia se suma el denominado «efecto arrastre», mediante el cual una contienda presidencial competitiva puede estimular la participación en los demás niveles de elección. Cuando las municipales se celebran de forma independiente, ese impulso pierde fuerza.
El análisis también identifica factores como una menor cobertura informativa, campañas menos profesionalizadas y una identificación más débil de determinados sectores con la política local.
El resultado es una suerte de jerarquización del voto, en la que la Presidencia genera mayores incentivos para acudir a las urnas que los cargos electivos de ámbito municipal.
Gobiernos locales tienen impacto directo
La menor concurrencia electoral contrasta, no obstante, con el papel que desempeñan los gobiernos municipales en la vida diaria de los ciudadanos.
En las elecciones municipales se escogen alcaldes, regidores, directores de distritos municipales y vocales, autoridades responsables de gestionar asuntos relacionados con los servicios municipales, los espacios públicos, el ordenamiento territorial y otras necesidades propias de las comunidades.
Precisamente por su proximidad, las decisiones adoptadas desde los ayuntamientos pueden tener una repercusión más inmediata y visible para los ciudadanos que muchas de las políticas diseñadas desde el ámbito nacional.
Sin embargo, esa cercanía institucional no se traduce necesariamente en una mayor participación en las urnas.
La Presidencia continúa concentrando buena parte de la agenda pública y de la cobertura de los medios de comunicación, mientras los candidatos municipales suelen disponer de menor exposición y sus propuestas pueden resultar menos conocidas por el electorado.
Una elección clave para los partidos
Desde la perspectiva de las organizaciones políticas, la importancia de las municipales adquiere otra dimensión.
Conquistar alcaldías, regidurías y otras posiciones locales no representa únicamente asumir la administración de un territorio. También supone consolidar estructuras, fortalecer liderazgos, ampliar redes de apoyo y demostrar capacidad para movilizar electores.
Por ello, los resultados municipales suelen ser examinados como un termómetro de la correlación de fuerzas políticas y como una primera aproximación al potencial electoral de las organizaciones de cara a futuras contiendas nacionales.
La victoria en un municipio no garantiza por sí misma el triunfo presidencial, pero puede proporcionar a un partido una plataforma territorial y organizativa de considerable valor político.
El precedente de 2024
Esa lógica quedó particularmente expuesta en las elecciones municipales de 2024, cuando el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y sus aliados obtuvieron alrededor del 60 % de los votos y conquistaron 135 de las 158 alcaldías, además de 189 de los 235 distritos municipales.
El resultado permitió al oficialismo exhibir una sólida capacidad de movilización territorial apenas tres meses antes de las elecciones presidenciales y congresuales de mayo de ese mismo año.
Las municipales funcionaron así como una demostración de fuerza electoral en los distintos territorios y como un indicador de la capacidad de las estructuras partidarias para llevar a sus simpatizantes hasta las urnas.
El antecedente de 2020
Cuatro años antes también se observó una relación entre el desempeño municipal y la posterior contienda presidencial.
En las elecciones municipales de 2020, el PRM y sus aliados obtuvieron 81 alcaldías, frente a las 65 conquistadas por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus aliados.
Cuatro meses después, Luis Abinader se impuso en las elecciones presidenciales del 5 de julio con el 52.52 % de los votos válidos, frente al 37.46 % alcanzado por Gonzalo Castillo, candidato del PLD.
Aunque los resultados municipales no permiten establecer una relación automática con el desenlace presidencial, aquella contienda fue posteriormente observada como una señal temprana de la transformación de la correlación de fuerzas políticas que terminaría materializándose en las elecciones nacionales.
Menos votantes, pero mayor valor estratégico
Las elecciones municipales presentan, por tanto, una aparente paradoja: generan menor entusiasmo entre los electores, pero conservan un alto valor estratégico para los partidos políticos.
Mientras una parte de la ciudadanía puede considerar que la elección presidencial tiene consecuencias más trascendentales para el país, las organizaciones partidarias observan las municipales como una oportunidad para medir fuerzas, consolidar territorios y probar la eficacia de sus estructuras antes de disputar el poder nacional.
La experiencia de 2020 y los resultados de 2024 muestran que estos comicios difícilmente pueden ser considerados una contienda política secundaria.
Aunque para el elector representen principalmente la oportunidad de escoger a las autoridades más próximas a su comunidad, para los partidos constituyen una auténtica prueba de capacidad organizativa y movilización.
En consecuencia, la menor participación en las municipales no necesariamente significa que los gobiernos locales sean menos importantes, sino que refleja una diferencia entre la percepción ciudadana y la lectura estratégica que hacen las organizaciones políticas.
Para el elector, escoger al presidente puede parecer la decisión de mayor trascendencia; para los partidos, conquistar el territorio puede ser uno de los primeros pasos hacia la conquista del poder nacional.













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