SANTO DOMINGO.– La exvicepresidenta de la República, Margarita Cedeño, advirtió sobre el riesgo de que la capacidad de adaptación que históricamente ha caracterizado a los dominicanos termine transformándose en una peligrosa resignación frente a problemas que, por su prolongación en el tiempo, comienzan a ser asumidos como parte inevitable de la cotidianidad.
En un artículo titulado «No podemos acostumbrarnos», publicado en su columna Agenda Social, en Listín Diario, y en Vanguardia del Pueblo, la también integrante del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) planteó la necesidad de que la sociedad abandone la lógica de conformarse con soluciones pasajeras y adopte una actitud más activa frente a las deficiencias que persisten en los servicios públicos, la educación, la seguridad y las condiciones de vida.
Cedeño propuso articular una cultura ciudadana sustentada en tres pilares: exigir acompañando los reclamos con propuestas, colocar la calidad y los resultados en el centro de la gestión pública y recuperar el sentido de responsabilidad individual y colectiva como elementos indispensables para producir transformaciones duraderas.
Reclamar resultados sin convertirlo todo en confrontación
Como primer componente de su planteamiento, la exvicepresidenta abogó por recuperar una cultura de exigencia ciudadana que no se limite a señalar problemas, sino que también contribuya a construir soluciones.
A su juicio, reclamar el cumplimiento de las responsabilidades públicas no debe confundirse con una actitud destructiva ni con la conversión de cada dificultad nacional en una disputa política.
La dirigente peledeísta consideró que una democracia madura requiere ciudadanos dispuestos a reclamar resultados y, al mismo tiempo, autoridades capaces de escuchar las críticas, rectificar cuando sea necesario y rendir cuentas sobre sus actuaciones.
En ese sentido, sostuvo que la exigencia ciudadana constituye un mecanismo legítimo para elevar los estándares de la administración pública y evitar que las deficiencias terminen siendo aceptadas como hechos inevitables.
Más allá de cuánto se gasta: la prioridad debe ser qué se logra
Como segundo eje, Cedeño planteó colocar la calidad y los resultados en el centro de las políticas públicas, superando una visión que valore la gestión únicamente por el volumen de recursos ejecutados, la cantidad de obras inauguradas o el número de acciones anunciadas.
La exvicepresidenta propuso que el desempeño de las instituciones sea medido fundamentalmente por el impacto que sus decisiones producen sobre la vida de la población.
En esa lógica, una política educativa debe demostrar que los estudiantes están aprendiendo; un servicio público debe traducirse en menos tiempo de espera y mayor eficiencia; una asistencia social debe llegar efectivamente a quienes la necesitan, y una inversión pública debe resolver el problema que justificó la asignación de los recursos.
«La pregunta no debería ser únicamente cuánto se invirtió o cuántas acciones se realizaron, sino qué cambió realmente en la vida de las personas», es el planteamiento que atraviesa su reflexión.
Educación como causa nacional
Dentro de ese esquema, Cedeño otorgó especial importancia al sistema educativo y consideró que el país debe asumir como una gran causa nacional el propósito de garantizar que los estudiantes no se limiten a asistir a las aulas, sino que realmente desarrollen las competencias necesarias para desenvolverse en el futuro.
La dirigente política planteó la necesidad de fortalecer la comprensión lectora, el razonamiento matemático, el pensamiento crítico, los valores y otras capacidades fundamentales para la formación integral de las nuevas generaciones.
Su planteamiento parte de que la asistencia escolar, aunque indispensable, no constituye por sí sola un indicador suficiente de éxito educativo si no está acompañada de aprendizajes efectivos y de una formación capaz de ampliar las oportunidades de los estudiantes.
La responsabilidad ciudadana también cuenta
El tercer componente señalado por Cedeño apunta directamente al comportamiento de los ciudadanos, al considerar que las transformaciones institucionales y sociales no pueden descansar exclusivamente sobre las autoridades.
A su entender, la construcción de un mejor país también demanda coherencia en las actuaciones cotidianas de la población y una mayor conciencia sobre las responsabilidades que corresponden a cada ciudadano.
Desde esa perspectiva, sostuvo que no basta con exigir mejores instituciones si, paralelamente, la sociedad termina tolerando comportamientos que contribuyen a deteriorar la convivencia, los espacios públicos y el funcionamiento colectivo.
No acostumbrarse a los problemas
Cedeño llamó a evitar que situaciones como los apagones, las deficiencias de los servicios públicos, la inseguridad vial, la violencia, el deterioro de los espacios comunes, la informalidad y la falta de oportunidades para los jóvenes terminen incorporándose al imaginario colectivo como circunstancias normales de la vida dominicana.
En particular, expresó preocupación por las condiciones que llevan a numerosos jóvenes a contemplar la posibilidad de abandonar el país en busca de mejores oportunidades.
La exvicepresidenta estableció una diferencia entre enfrentar temporalmente una dificultad mediante una solución de emergencia y aceptar que esa dificultad se prolongue indefinidamente.
Para Cedeño, la capacidad de adaptación de los dominicanos ha sido históricamente una fortaleza que ha permitido al país superar numerosas adversidades, pero esa misma capacidad puede convertirse en un obstáculo cuando conduce a tolerar situaciones que deberían ser transformadas.
«La inconformidad no es pesimismo»
La dirigente peledeísta sostuvo que manifestar inconformidad frente a los problemas nacionales no necesariamente constituye una expresión de pesimismo.
Por el contrario, consideró que la inconformidad puede convertirse en el punto de partida para generar cambios cuando se canaliza mediante el diálogo, la participación ciudadana, la evaluación objetiva de los resultados y la construcción de objetivos compartidos.
Recordó que República Dominicana ha demostrado capacidad para modernizar su infraestructura, ampliar derechos y desarrollar políticas sociales, por lo que entiende que la sociedad dominicana tiene razones suficientes para aspirar a estándares superiores y no conformarse con aquello que simplemente ha logrado sobrevivir al paso del tiempo.
En su reflexión, Cedeño llamó a mirar los problemas no como una condena permanente, sino como desafíos susceptibles de ser enfrentados mediante voluntad política, participación social y una evaluación constante de lo que funciona y de aquello que requiere ser corregido.
Al cerrar su artículo, resumió su planteamiento en una advertencia sobre las consecuencias de convertir la resignación en una conducta colectiva:
«No nos acostumbremos. Porque aquello que una sociedad acepta como normal termina definiendo el país en el que vive. Y aquello que decide transformar puede definir el país que deja a sus hijos», puntualizó.













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