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Washington mueve sus fichas en RD mientras toma forma la carrera presidencial de 2028

SANTO DOMINGO.– La relación entre República Dominicana y Estados Unidos ha adquirido nuevas dimensiones en los últimos meses, con una agenda bilateral que trasciende los tradicionales canales diplomáticos y coloca en primer plano asuntos como seguridad, narcotráfico, migración, cooperación militar, energía y política internacional.

El acercamiento se produce, además, cuando República Dominicana comienza a entrar en el ciclo político que conducirá a las elecciones de 2028 y los principales partidos empiezan a perfilar aspirantes y estructuras en torno a la sucesión del presidente Luis Abinader.

Uno de los ejemplos más visibles del nuevo nivel de cooperación fue la autorización otorgada en noviembre de 2025 para que Estados Unidos utilizara provisionalmente áreas restringidas de los aeropuertos Internacional de Las Américas y de la Base Aérea de San Isidro como apoyo a operaciones contra el narcotráfico, facilidades que posteriormente fueron extendidas.

A esta cooperación se han sumado otros entendimientos entre ambos gobiernos, mientras la diplomacia estadounidense ha mantenido una agenda de encuentros con funcionarios, dirigentes políticos, empresarios y figuras que participan, directa o indirectamente, del debate sobre el futuro político dominicano.

En este contexto, el politólogo Anthony Almonte Minaya considera que Washington tendrá un papel relevante en el escenario político dominicano de cara a 2028 y recuerda antecedentes de participación estadounidense en procesos electorales del país, aunque las interpretaciones sobre el alcance de esa influencia corresponden a su análisis.

«Estados Unidos para 2028 va a tener un papel fundamental en lo que se decida políticamente en República Dominicana», sostuvo.

Los contactos de la embajadora

La embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Campos, ha sostenido durante 2026 encuentros con figuras de diferentes sectores políticos. Entre los dirigentes con los que ha tenido contactos figuran la vicepresidenta Raquel Peña, el ministro de Turismo, David Collado, la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, el expresidente Leonel Fernández, los dirigentes peledeístas Gonzalo Castillo y Francisco Javier García, así como Santiago Matías, conocido como «Alofoke».

La representación diplomática estadounidense ha explicado que estos acercamientos forman parte de una política de interlocución con distintos sectores de la sociedad dominicana. El Departamento de Estado, por su parte, ha señalado que Campos se reúne con personas de «todo el espectro político», con el propósito de conocer mejor el país y promover los intereses de Estados Unidos.

Sin embargo, Almonte Minaya interpreta esos contactos como parte de un proceso mediante el cual Washington estaría identificando figuras con posibilidades de asumir responsabilidades de Gobierno después de 2028.

«Están preparando las figuras que ellos entiendan que les pueden garantizar seguir tomando control», afirmó el politólogo, al referirse a la influencia que atribuye a Estados Unidos en el proceso.

La interpretación del analista contrasta con la explicación ofrecida por la diplomacia estadounidense, que presenta esos encuentros como parte de una agenda de escucha e interlocución y no como un respaldo declarado a una candidatura presidencial determinada.

Seguridad, migración y China

La agenda bilateral también incorpora asuntos que podrían adquirir relevancia durante el próximo proceso electoral. La cooperación en la lucha contra el narcotráfico, la migración haitiana y la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China figuran entre los temas que concentran la atención de Washington en el Caribe.

Para Almonte Minaya, esos factores pueden incidir en las posiciones que adopten los partidos y eventuales candidatos dominicanos, particularmente debido al peso que Estados Unidos mantiene en ámbitos económicos, diplomáticos y de seguridad.

El analista también cita como antecedente la participación de figuras estadounidenses en procesos políticos de otros países latinoamericanos, entre ellos Honduras, Ecuador y Colombia, aunque la naturaleza y el alcance de cada caso han sido diferentes.

A su juicio, la relación con Washington podría convertirse en un elemento adicional dentro de la competencia dominicana, aunque reconoce que una eventual cercanía con Estados Unidos no determina por sí sola el comportamiento del electorado.

Una relación que trasciende 2028

El fortalecimiento de los vínculos dominicano-estadounidenses ocurre bajo la política exterior de la administración de Donald Trump, caracterizada por la promoción del principio «America First» y una atención particular a asuntos de seguridad, migración, narcotráfico y competencia estratégica.

Para República Dominicana, Estados Unidos constituye además un socio económico, comercial y diplomático de primer orden, por lo que las decisiones de cualquier Gobierno que resulte electo en 2028 tendrán necesariamente una dimensión bilateral.

No obstante, los encuentros de funcionarios estadounidenses con dirigentes dominicanos no constituyen, por sí mismos, evidencia de que Washington haya escogido o respaldado a un candidato específico para las elecciones de 2028.

La interrogante que queda planteada es hasta qué punto la relación con Estados Unidos —y las prioridades de Washington en seguridad, migración, narcotráfico, energía y geopolítica— terminará convirtiéndose en un componente de la competencia por la Presidencia dominicana.

Mientras los partidos avanzan en la definición de sus aspirantes, la diplomacia estadounidense mantiene abiertos sus canales de comunicación con prácticamente todo el espectro político, en un escenario en el que la sucesión de Abinader comienza a adquirir mayor protagonismo.

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